Netflix apuesta por una película «imposible» y le sale bien

Hay películas malas y está “Interceptor”. Pero que esto no desanime a nadie, el placer culpable forma parte de la rutina de la época.
“Interceptor” (recién estrenada en Netflix) es, en algún sentido remoto, un homenaje a films clásicos del cine de acción como “Alerta Máxima” y “Duro de Matar”, obras de entretenimiento fácil que dispararon (si, a balazos) las carreras de Steven Seagal y Bruce Willis respectivamente.
Es incierto si será la punta de lanza de la actriz Elsa Pataky. Difícil. Hay razones para ello.
“Interceptor” no respeta básicamente nada al solo fin de cumplir con la receta y captar la atención del público masivo. Cuando decimos nada es nada.
Por el argumento del film de Matthew Reilly pasan los más diversos tópicos sin demasiado orden ni sentido. Entre los golpes, explosiones y amenazas nucleares también fue incluido el #Me Too, los mercenarios desencajados de la URSS, los ambiciosos de turno, la Casa Blanca, por supuesto, y el fin del planeta.
La historia: un grupo de mercenarios se apodera de 16 misiles nucleares y de una de las bases americanas capaz de interceptarlos. Queda una y en esa estación se encuentra Captain J. J. Collins lista para contener el ataque. La idea es lanzar los misiles y acabar con Estados Unidos para ¿refundar? Estados Unidos. O algo por el estilo.
El resto del argumento se concentra en la larga y extenuante lucha de los terroristas por conquistar el fuerte y vencer a la protagonista. No lo consiguen, obvio.
Pero el film en su derrotero no tiene problemas en pasar por alto las leyes de la física y cualquier lógica que uno pueda inferir. Raro que no aparezcan extraterrestres.
Hay acción y más acción, a veces divertida y otras mucho menos.
El film se convirtió en un éxito para Netflix esta semana, una plataforma que necesita de hits en un momento en que está perdiendo subscriptores.
“Interceptor” podría ser entendida como un verdadero documento de nuestro tiempo y quién sabe en el futuro alguien tal vez la analice al interior de una universidad.
Los productos pasatistas también tienen algo que decir del momento en el cual fueron imaginados.
Que la capitana triunfe es un “no way” posible solo gracias a un guion que no admite parámeros.
La capitana salta de un lugar a otro con un brazo en ristre y así mantiene peleas con expertos en artes marciales y hombretones armados.
Una y otra vez sale airosa de cada brete. Y cuando todo parece que se va al infierno, renace como un personaje escapado de un video game.
“Es definitivamente no cool, sin el guiño a la nostalgia que uno podría esperar, y en su propios términos tontos de alguna manera funciona. Es fácil de digerir pero difícil de recordar”, escribió The Guardian.
Como dato anecdótico, aparece la figura de Chris Hemsworth (“Thor”), esposo de Patakis y productor del film, en un papel menor.
Cuentan que ya está escrita la secuela. Cómo no.

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